Una mirada a las estancias emblemáticas de la región de Magallanes

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A ratos todo cobra un tono amarillo: el coirón, el guanaco, las plumas del ñandú, el atardecer, el viento que levanta telas casi invisibles sobre el paisaje.

Así, la ruta por las estancias va salpicada de laberínticas arterias que llevan gas, letreros perdidos que advierten de explosivos, casamatas desperdigadas por la guerra que no fue.

En la Patagonia chilena la muerte está flotando. Son más de 132 mil kilómetros cuadrados de soledad encercados en alambre.

Más de 30 días de viaje en camioneta capturando los cascos antiguos de las viejas estancias que apenas resisten la sal, el viento y el olvido de una sociedad que en algunos casos los declaró Monumento Nacional.

En toda la región, las estancias nacen en el pasado autónomo, comparable a las pequeñas polis griegas por su capacidad de autoabastecerse. Desde un primer momento el diálogo inteligente entre la arquitectura y el paisaje, quedó expresado en la funcionalidad y sencillez de las construcciones. Cada espacio cerrado fue perfectamente organizado para dar vida al mundo productivo y autónomo. Cascos, galpones, garajes, pesebreras, viviendas siempre quedaron dispuestos hacia la caza del sol y para evitar los vientos frontales. Muchas contaron con pequeños puertos; hubo otros más grandes como el muelle de San Gregorio que sacó su producción lanar de manera directa hacia Londres y Buenos Aires.

Cada vivienda tenía su rol y estaba orientada acorde al espacio y al tiempo de funcionamiento, con estratificaciones laborales claras. De esta forma, la casa del administrador tenía una vista de dominio, un lugar de poder desde donde controlar el funcionamiento general del asentamiento, proyectando así una imagen de autoridad y respeto. Luego venían las viviendas de empleados y más abajo las que ocupaban los oficinistas. La de los obreros permanentes, se ubicaron cerca del galpón de esquila.

Exito ganadero

La historia pastoril comienza en 1876, con la llegada de 300 ovejas de las Malvinas a Magallanes. El éxito fue tal que al año siguiente se compraron nuevas partidas de ganado lanar estableciéndose en diferentes sectores de las costas patagónicas: Estrecho de Magallanes, mar de Otway y del canal Fitz Roy, aprovechando los campos entregados por la autoridad colonial.

En todas las operaciones se contrató mucho personal para todas las necesidades, trayendo en el caso de Tierra del Fuego a ovejeros de Escocia, Nueva Zelandia, Malvinas, y operarios especializados que ayudaron en la construcción de las instalaciones.

Tierra del Fuego

Antes de la ganadería, un centenar de mineros auríferos reflejaba la avanzada colonizadora en Tierra del Fuego, todavía hay pirquineros que mantienen el espíritu de antaño en el Cordón Baquedano.

Sin embargo, la ocupación de los campos fueguinos parte con la instalación en 1885 de la sociedad Wehrhahn y Cía que estableció dos estancias: Porvenir y Gente Grande, en las costas de la bahía. Esta última destaca por su casa de administración, la más antigua de Tierra del Fuego. La compañía fruto de la unión de los socios Wehrhahn de Valparaíso con Rodolfo Stubenrauch, obtuvo del Estado una concesión de 123 mil hectáreas, una diferencia notoria respecto al resto de la región, donde los asentamientos no superaban las 30 mil hectáreas. La sociedad más tarde fue conocida como Gente Grande.

El año 1890, The Tierra del Fuego Sheep Farming Company ocupó el paraje costero de la península Espora conocida como Punta Anegada, poco después se trasladó más al interior, a un lugar denominado Springhill, cuyo nombre pasó a identificar a la estancia. Ahí destacan el galpón de esquila, la casa de administración y la casa de los esquiladores, todos ejemplos de estancia de primera generación.

En 1892 por The Philip Bay Sheep Farming Company, situó su centro de actividad en la costa de bahía Felipe, en estancia Philip Bay, donde resalta la casa de administración que constituye un hito en el paisaje Río del Oro.

Los ojos de José Nogueira también se pusieron en la Isla. Las concesiones adquiridas por sus sucesores, Sara y Mauricio Braun dieron paso a la creación de la Sociedad Explotadora Tierra del Fuego, con el tiempo llegó a ser el asentamiento ganadero más grande del mundo con tierras en toda la región, inclusive Argentina.

En 1894, la Sociedad Explotadora Tierra del Fuego, inició su asentamiento con la erección de un primer centro de trabajo, en la costa norte de bahía Inútil, que pasó a ser conocida como estancia Río Pantanos inicialmente, para tomar después la denominación de Caleta Josefina. Hoy un galpón gigante, cascos vacíos, y un cementerio olvidado corrompido por el descuido, el viento y la lejanía son los últimos vestigios del asentamiento ganadero más importante de Tierra del Fuego: Caleta Josefina, ubicada a 102 kilómetros al sureste de Porvenir.

Al año siguiente, la Sociedad Explotadora construye un segundo centro de importancia, al sureste, en la vecindad con Argentina, la estancia San Sebastián. Hoy, cuesta con el abandono y deterioro imaginar a las más de 150 personas que ahí trabajaron y dieron vida a uno de los asentamientos ganaderos más productivos de la zona.

Una vez consolidada Caleta Josefina y San Sebastián se levantó un tercer establecimiento, en la parte sur de bahía Inútil que pasó a ser conocido en un comienzo como “Sección Mac Clelland” (1904), dependiente de Caleta Josefina y más tarde ya con carácter autónomo, como estancia “Cameron”. Dada la gran superficie de los campos dependientes de estos centros y una vez que se fue definiendo la estructura operativa, surgieron varios subcentros o secciones, como China Creek, hoy de difícil acceso. Construida el año 1924 destaca por su galpón de esquila de doble cubierta, con una capacidad de resistencia al viento.

En el recorrido hay que subrayar el galpón de esquila de Russfin, construido totalmente de madera, y considerado por expertos uno de los más interesantes ejemplos de arquitectura desarrollados.

Un paso fundamental para el desarrollo productivo fue la construcción del puente de Río Grande, en 1906. Por su estructura de hierro pasó toda la producción ganadera de los territorios al sur del río.

En todo su desarrollo, Tierra del Fuego optó por la forma de latifundio, o sea una gran superficie en una sola mano. Esta concentración pastoril trajo progreso pero también fue una despiadada conquista que no reconoció el derecho a tierra de los primeros habitantes del territorio, alcanzando el triste y vergonzoso exterminio de los Selk’nams, pueblo nómade que habitó la Isla antes de la llegada del hombre blanco.

Ultima Esperanza

En 1906, La Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego comenzó a adquirir casi la totalidad de las superficies de la isla, y un año antes había hecho lo mismo en Ultima Esperanza luego de un exitoso remate. Así el año 1910, llegó a alcanzar un poderío económico con más de 2 millones de hectáreas.

La zona norte de la región, tenía motor propio, con una red de estancias, divisiones y subdivisiones. Cerro Guido, Castillo, Paine y otras estancias menores llevaron la carne a Puerto Bories, ubicado a 5 kilómetros al norte de Puerto Natales, en el borde costero del seno Ultima Esperanza. Para muchos historiadores el sitio abre la colonización de la zona.

El ciudadano Rodolfo Stubenrauch, el mismo que participó también en la ganadería de Tierra del Fuego, inició las primeras construcciones en esta área, logrando establecer una grasería, donde la Sociedad Explotadora Tierra del Fuego procesó la producción de las 3 estancias que poseía en este sector.

Pero el año 1915 la demanda obligó a la compañía a construir una gran factoría llamada Frigorífico Bories, logrando iniciar el faenamiento, proceso y refrigeración de miles de ovejas. Estos magníficos edificios fueron construidos en ladrillos, al estilo europeo que rememora la era postvictoriana en Inglaterra, destacando el garaje de las locomotoras, la herrería, la tornería, la antigua oficina de los empleados, el gran edificio de la curtiembre y grasería.

Además se puede observar la sala de pesaje frente al muelle donde arribaban los grandes buques caponeros desde Europa, que venían en busca de los productos cárneos procesados en la planta, para ser exportados especialmente a Inglaterra, fiel testimonio del progreso industrial logrado a principios del siglo XX en la Patagonia.

El Frigorífico fue declarado Monumento Histórico en 1996. Actualmente se construye un hotel adosado a su estructura.

Pero una de las estancias significativas es la de Cerro Guido, aún se conservan en buen estado el galpón, la casa de administración, la pesebrera. En la actualidad no sólo se dedica a la ganadería, también al turismo, concentrado en una hostería que mantiene la arquitectura en la casa patronal como centro del descanso. Por el difícil acceso y la población que concentró en el pasado, Cerro Guido contó con un establecimiento educativo, incluso hoy lo mantiene.

Los pastos frescos también estaban en la Estancia El Lazo. Hoy también dedica gran parte de su tiempo al turismo, con una vista privilegiada a la laguna Verde.

Posteado en: http://www.laprensaaustral.cl

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