Sobreviviendo en Puerto Gala

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Marcos Coronado estira un viejo mapa sobre una mesa y pide a los turistas que lo han contratado como guía que elijan al azar una de las cientos de islas que rodean a Puerto Gala, lejano archipiélago de Aysén que cruzan los canales Jacaf y Moraleda. Tras una semana de preparación en técnicas de supervivencia, los visitantes optan por isla Vico, lugar de abundante vegetación y fauna nativa, pero carente de vida humana.

Allí, los aventureros permanecerán unos 10 días abandonados por propia voluntad para subsistir provistos apenas de un machete, cantimplora y bengala. Se trata de un turismo extremo, una nueva forma de vivir la naturaleza que comenzó en 2013. Ese año, Coronado entrenó a 27 grupos y los dejó en islas cercanas a la localidad. Ahora espera duplicar el número.

“Creé un turismo de alto riesgo para parejas o grupos que quieran sufrir. Significa que yo los voy a dejar a una isla, les enseño durante una semana técnicas de supervivencia y después, cuando se bajan (de lancha), les quito la mochila y les entrego un machete, un cuchillo de supervivencia, una bengala y una cantimplora”, narra Coronado. De hecho, la bengala es en caso de una emergencia.

“Ellos quieren sufrir, aprender a comer de lo que hay. Después te agradecen la experiencia y la oportunidad de haber aprendido a disfrutar de la naturaleza y comer de lo que encuentran. Aprenden a valorizar las pequeñas cosas, porque para sobrevivir deben aprender a buscar refugios, cazar, pescar, crear anzuelos o lanzas. Alimentarse de pájaros o hierbas”, agrega el guía.

Los excursionistas chilenos y extranjeros que han llegado al lugar lo han hecho tras un viaje de dos a tres horas de embarcación desde Puerto Cisnes en Aysén o unas 18 horas desde Quellón en la barcaza Jacaf, nave que zarpa dos veces a la semana. El valor asciende a unos 500 mil pesos por unos cuatro días.

“Ellos me envían correos y me dicen que quieren venir. Yo los espero en la fecha y hora acordadas en el arribo de la barcaza. Los traslado a mi casa y mientras les enseño técnicas de supervivencia los saco a los alrededores de la isla para que conozcan el lugar. Luego ellos deciden, aunque tengo que ver que también estén aptos”, detalla Coronado.

BOOM DE VISITANTES

Este denominado “turismo extremo” se suma al reciente despertar de la actividad turística en Gala, cuya productividad depende de una pesca en declive por los bajos precios y la carencia de compradores para la merluza. La isla, además, fue escenario de la película chilena La fiebre del loco (2001).

“El verano pasado se llenó de turistas que andaban buscando pescado frito, alguien que los sacara a ver una lobera. Venían de Estados Unidos, Francia, Noruega. Nunca antes habían bajado, porque nos nombraban como un caserío, pero el verano pasado yo conté 57 yates (…). Deben haber venido unas 400 personas”, dice Coronado.

Gala, donde a los cerca de 80 residentes permanentes se suma una población flotante de 200 personas, surgió a inicios de la década del 80 como un rústico asentamiento temporal.

El atractivo turístico que ha provocado Gala los lugareños lo atribuyen a la difusión que ha hecho de la zona el Ciep (Centro de Investigación de Ecosistemas de la Patagonia). El centro de estudios con sede en Coyhaique ha implementado un programa de turismo marinero que busca resaltar las particularidades de cada localidad para contribuir al desarrollo.

“Hemos iniciado un trabajo desde hace poco más de un año, primero tratando de entender cómo es este territorio a nivel geográfico y cultural, y si es posible poner ese valor con fines turísticos. Sentimos que en Gala hay un potencial muy grande para quienes buscan destinos nuevos, más aventureros y con un fuerte componente histórico”, aseveró Anabel Reis, coordinadora del área turismo sustentable de la entidad.

Fuente: Latercera.com

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