Navegar por el Estrecho de Magallanes: un laberinto de canales

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Ubicado en el extremo sur del continente americano, el Estrecho de Magallanes sigue siendo una de las rutas más seguras para la navegación en las aguas del fin de mundo. Gran cantidad de navegantes aún prefieren este ruta, en vez de navegar el temido y tempestuoso Cabo de Hornos.

El descubrimiento del Estrecho de Magallanes se remonta a 1520 cuando la expedición de Magallanes compuesta por sus 5 naves: Trinidad, San Antonio, Concepción, Victoria y Santiago, zarpan desde el Puerto de San Lucas de Barrameda el 20 de septiembre de 1519. Tras una parada en la costa de Brasil y en San Julián, en la costa argentina, el 21 de octubre de 1520 avistan un gran Cabo al que llaman Cabo Vírgenes. Mientras ingresan al Estrecho lo denominan Estrecho de todos los Santos y tres de sus naves lo navegan durante seis días en las aguas del Océano Pacífico. La nave San Antonio deserta antes de acceder al Estrecho y regresa a España, mientras la nave Santiago se pierde definitivamente bajo un fuerte temporal en el Estrecho, siendo este el primero de cientos de naufragios registrados desde la fecha en el Estrecho de Magallanes.

Reconocida posteriormente la gran hazana de la expedición de Magallanes en las aguas de los mares del sur, y por haber logrado la primera circunnavegación alrededor del globo, una serie de connotados navegantes toman rumbo al Estrecho con el objeto de comprobar la veracidad de esta, aún desconocida, ruta de navegación en la región de la “Terra australis Incognita”. Entre los más destacados: Alonso de Camargo en 1539, Juan Ladrillero en 1557, Sir Francis Drake en 1578, Sarmiento de Gamboa en 1579, Tomas Cavendisch en 1587, Ricardo Hawkins en 1494, Oliverio van Noort en 1599, entre otros.

Desde Cabo Vírgenes en el Océano Atlántico, hasta el Faro Evangelistas en el Océano Pacífico, el Estrecho de Magallanes tiene una longitud de 600 km. El Estrecho divide geográficamente una de las dos zonas más impresionantes del sur de Chile; la Patagonia y Tierra del Fuego.

Exploración a vela en el Estrecho de Magallanes

Hoy, 323 años después del descubrimiento del Estrecho de Magallanes, nos trasladamos con nuestro grupo compuesto de cinco navegantes desde Europa al extremo sur de Chile. Así iniciariamos los preparativos de nuestra exploración a vela en esta remota región. Primero tuvimos que salvar 15 horas de vuelo directo desde Frankfurt hasta Santiago de Chile, luego hubo una última conexión de cuatro horas en un turbulento vuelo sobre la Patagonia. Así arribamos finalmente a la ciudad de Punta Arenas, a orillas del Estrecho de Magallanes.

Punta Arenas es la capital de la región de Magallanes. Con más de 130.000 habitantes es una pujante ciudad que se desarrolla bajo la herencia de miles de pioneros y colonos de diversas nacionalidades que arribaron a finales del siglo pasado en busca de un mejor futuro. Croatas, españoles, suizos, franceses, italianos, alemanes, griegos y tantos otros que hoy forman una comunidad abierta al mundo y al desarrollo local.

Tras nuestra llegada nos trasladamos a bordo del “Yate Chonos”, de nuestro amigo y famoso buceador local de naufragios, Don Francisco Ayarza Ordenes. Su gran experiencia en el Estrecho de Magallanes, en la historia regional, y especialmente en el buceo, nos permitirá explorar de forma segura este gran laberinto de canales y fiordos del archipiélago de Tierra del Fuego.

Mientras nos encontramos en la ciudad para efectuar las últimas compras de víveres y solicitar las autorizaciones correspondientes ante la Armada de Chile para el zarpe de nuestro yate, nos informan que el Estrecho de Magallanes registra actualmente 55 nudos de viento y rachas de hasta 65 nudos del weste. Esto nos obliga a esperar mejores condiciones de tiempo para poder zarpar y así poner rumbo definitivo al Archipiélago de Tierra del Fuego.

Aprovechando una ventana de buen tiempo zarpamos con un leve viento con rumbo Sur para navegar 35 millas. La navegación va siendo interrumpida por una serie de atractivos que forman parte del pintoresco paisaje de la costa norte del Estrecho de Magallanes. A tan solo unas millas de navegación observamos el casco de un antiguo velero de hierro que sobresale imponente sobre las olas directamente en la playa. Son los restos de un histórico velero llamado Lonsdale, construido en Inglaterra en 1889, con casco de acero. Este barco efectuó importantes viajes comerciales entre Singapur, Sydney, Rio de Janeiro, Buenos Aires y Nueva York. Todas sus travesías fueron cruzando el Cabo de Hornos, de esta forma se enfrentó a los más difíciles temporales. Pero en 1902 registró daños considerables a consecuencia de un fuerte temporal, debiendo arribar en San Francisco, USA. En una navegación entre Hamburgo y México, vía Cabo de Hornos, se incendia el día 6 de octubre de 1909, siendo posteriormente trasladado a Punta Arenas y utilizado como pontón de carga hasta 1940. Posteriormente fue vendido el barco completo e instalado en su posición actual, casi en pleno centro de la ciudad.

Continuando nuestra navegación fondeamos en la bahía de pescadores de Bahía Mansa y visitamos el histórico lugar de Fuerte Bulnes, primer asentamiento chileno en el Estrecho de Magallanes en 1848. Aquí apreciamos con tranquilidad los restos de este asentamiento, que dieron origen a la colonización chilena en esta apartada región.

Levamos ancla y con unas rachas de viento que van en considerable aumento, retomamos rumbo Sur/Surweste para seguir la exploración a bordo del Yate Chonos en dirección del Cabo Froward. Este importante promontorio es el punto más austral del territorio continental sudamericano. Fue el corsario inglés Thomas Cavendisch quien, en enero de 1587, al pasar por este cabo que divide los mares del este y oeste, lo denominó como Cabo Froward al sentir la rudeza del clima y los fuertes vientos provenientes del suroeste. El nombre “Froward” significa odioso, hostil o rebelde, características propias de este cabo para todos los navegantes y pescadores locales que actualmente lo circunnavegan. En su cumbre fue instalada una gran cruz de hierro y en la placa se lee: “Y dominar de un mar a otro mar hasta los último confines de la tierra”. Es precisamente así como avistamos a cierta distancia esta tremenda cruz, pero la intensidad del viento aumenta y, repentinamente, navegamos entre fuertes rachas mientras el mar se transforma en segundos en un una pesadilla para cualquier navegante. Tomamos rápidamente la decisión de regresar a nuestra bahía y durante el trayecto escuchamos los avisos meteorológicos para los navegantes, por el canal 14 VHF, que informan de la llegada de un nuevo temporal para los próximos tres días.

Tras una espera de 15 horas en la bahía y bajo un día nublado y con algo de lluvia -un día típico de Patagonia- nos alejamos de la costa para navegar rumbo a la Isla Carlos III. Allí pretendemos cargar agua y continuar hacia el sector del Canal Jerónimo y avistar algunos apartados glaciares entre los fiordos, pero la repentina presencia de algunas ballenas jorobadas detiene nuestro andar y aprovechamos la oportunidad de contemplar este impresionante acontecimiento.

Después de pasar una noche en la Isla Carlos III zarpamos con rumbo a Seno Ballena, en donde desembarcaremos en botes hacia uno de los tantos e inexplorados glaciares de esta región del fin del mundo. Durante la navegación escuchamos atentamente interesantes anécdotas de nuestro Capitán Francisco Ayarza, quien acompañado siempre de su pipa encendida, notamos que estamos frente a un verdadero viejo lobo de mar en estas frías y lejanas latitudes.

Algunos, en cubierta, comentan sobre la ruta del navegante Inglés Fitz Roy en estos canales, mientras otros miembros de la tripulación preparan sus ropas de lluvia para desembarcar pronto en un sector del “Estero Cóndor”. Las condiciones climáticas han empeorado nuevamente y el barómetro baja rápidamente, el mar de estos canales cambia de color y los estratos cumulus cubren completamente el cielo, que hace algunas horas nos proporcionaban los últimos rayos de calor de entre las altas montañas de estos fiordos.

Es así como navegamos de regreso a uno de los dos puertos de la ciudad de Punta Arenas, el muelle “Capitán Prat”, que nos recuerda a unos de los grandes héroes navales de Chile durante la guerra del Pacífico de 1879. Punta Arenas es la única ciudad Puerto, la más importante de la Patagonia. Transatlánticos, barcos mercantes, pesqueros, buques, naves científicas y veleros son atendidos en este puerto durante todo el año, pero en los meses de verano, entre diciembre y marzo, la ciudad recibe gran cantidad de turistas que arriban para posteriormente continuar la navegación hacia Cabo de Hornos o en expediciones hacia la Antártida.

 La costa Norte

Después de un día de espera zarpamos hacia el sector oriental del Estrecho para bordear así la costa norte y efectuar los desembarcos que nos permitan explorar antiguas estancias y naufragios. Navegamos con un viento norte de 15 nudos rodeando el Estrecho y tras 40 millas arribamos a la pintoresca “Estancia San Gregorio”, en donde efectuamos nuestro primer reconocimiento costero. Fundada en 1870, llegó a ser la primera Estancia de la Patagonia y se caracterizó por el tipo de construcción del estilo sureño, con ciertos elementos arquitectónicos propios de la edificación en Australia y Nueva Zelanda.

La Estancia posee una extensión de 91.300 hectáreas y allí se mantenía a 130.000 ovejas, 400 vacunos y 500 caballares. Actualmente la Estancia se encuentra abandonada a solo unos metros del fuerte oleaje del Estrecho de Magallanes y no es más que un hermoso testimonio de una época de gran auge de la ganadería en la Patagonia y Tierra del Fuego.

Durante nuestra navegación hasta el sector de Punta Delgada nos encontramos con el ferry que conecta la Patagonia con Tierra del Fuego, pero con cada milla de navegación nos sorprendemos de la gran cantidad de antiguos y famoso barcos varados a lo largo de la costa del este Estrecho.

Entre ellos observamos al “Vapor Amadeo”, que fue el primer barco a vapor inscrito en los registros navales de Punta Arenas el año 1893. Este pequeño navío de tan solo 400 toneladas desempeñó un papel histórico en el desarrollo de la Patagonia y de Tierra del Fuego, siendo en 1972 declarado monumento marítimo nacional de Chile.

Como navegantes nos sorprende observar los corroídos restos de un gran velero de acero varado a tan solo unos metros del “Vapor Amadeo”. Se trata del Clipper inglés “Ambassador”, de 692 Toneladas. Este barco de construcción “composite”, es decir, casco con cuadernas de hierro y forrado en madera de teka es uno de los famosos y veloces “Tea Clippers” que cubrían la ruta entre los puertos chinos de Cantón, Shangai y Londres alrededor de 1872. Junto a su similar, el famoso “Cutty Sark”, exhibido como museo en Greenwich, Inglaterra, representa uno de los últimos Clippers de la Carrera del Té. Lo más interesante de esta navegación por el Estrecho de Magallanes, y que nos parece curioso, es encontrarnos prácticamente en medio de la pampa de la Patagonia, y a orillas del Estrecho de Magallanes, con barcos varados que sin duda marcaron hitos en la historia de la navegación, no tan solo en la Patagonia, sino también en la historia marítima mundial.

Después de una calma de viento en la región entre Cabo de Hornos y Estrecho de Magallanes, y tras 14 días, optamos por navegar las últimas 60 millas ya de regreso hacia Punta Arenas. Nuestro último día a bordo fue sin duda un momento duro para cada uno de quienes participamos de esta exploración, en las aguas de estos aún inexplorados y fríos canales del Estrecho de Magallanes. Pero aun a bordo, y antes de llegar a puerto, ya habíamos tomado dos importantes decisiones: regresaríamos primero todos a casa, y luego prepararíamos nuestra próxima navegación para regresar a estas históricas aguas del fin del Mundo.

Posteado en: http://www.navegar.es

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