Los cien años y mil historias de Peulla

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-¡Usted es el culpable de todo esto!, afirmaba un inglés acongojado, en el pasillo del Hotel Peulla, acusando al dueño.

-Discúlpeme, pero no sé qué está hablando, contestó el hotelero.

-Sí. Es el culpable. Hace una semana, viajando por las Torres del Paine, creímos encontrar con mi equipo el destino perfecto de Chile para promocionar en nuestra empresa tour operadora de Sudáfrica y ahora, conociendo Peulla y la poca masividad turística de sus paisajes, tendremos que cambiar todo lo programado…

Es una de las tantas historias de Peulla que se conocen de la boca de Alberto Schirmer, chileno-suizo y nieto de Ricardo Roth, un aventurero suizo llegado a Chile, quien en 1913 compró la compañía Chile-Argentina, empresa transandina que se estaba yendo a la quiebra por la construcción del Canal de Panamá.

Ricardo Roth transformó la compañía, de carácter comercial a una empresa turística: Andina del Sud. Una de las primeras chilenas dirigidas 100% al turismo, que hasta hoy, mediante Turistour, está a cargo de llevar y traer en catamarán a turistas por el conocido Cruce Andino, que une Puerto Varas con Bariloche por el lago Todos los Santos. Al comprar la compañía, Roth se adueñó de 7 mil ha, donde predominaban bosques característicos de la selva valdiviana. Un tesoro natural que, por sugerencia del propio Ricardo Roth, pasó a ser protegido en 1926, cuando Peulla y sus alrededores quedaron insertos en el primer parque nacional de Chile: el Vicente Pérez Rosales.

Brotando en el siglo XXI

Es precisamente en este terreno junto al lago, que la compañía había instalado una casa de huéspedes sus trabajadores. Esta comenzó a ser ampliada y remodelada con maderas nativas para convertirse en el Hotel Peulla (www.hotelpeulla.cl), dando inicio a la aldea de Peulla, que viene a significar “brotes de primavera” en mapudungún.

Fue uno de los primeros eco-hoteles de Chile, convirtiéndose en destino recurrente para amantes de la naturaleza, la tranquilidad y la comodidad.

Por aquí pasaron personajes del siglo XX, como Pablo Neruda y los presidentes Carlos Ibáñez y hasta Franklin Roosevelt.

En 2008, la infraestructura de Peulla se amplió con el Hotel Natura (www.hotelnatura.cl), construido con madera nativa, concreto y piedra laja. Ubicado al lado del antiguo Hotel Peulla, ambos se unen mediante una pasarela.

Son los hoteles los atractivos de esta villa, cuyos 145 habitantes son mayoritariamente sus trabajadores, contando además con una oficina del Registro Civil, una escuela, una posta y la aduana para pasar a Argentina. Pese a su protegida ubicación, Peulla no se ha mantenido al margen de sucesos que han marcado a Chile, lo que ha desembocado en una baja demanda en ciertos períodos.

Desde el terremoto de Valdivia a la crisis porcina; desde las distintas crisis económicas a la erupción del Cordón Caulle; del terremoto de 2010 al cierre temporal del cruce por el lado argentino, han afectado la ocupación de sus hoteles.

Para ello se viene desarrollando una campaña que vuelva a posicionar a Peulla como lo que es, un destino ecológico con todas las comodidades de un cuatro estrellas. Un “refugio de lujo” a precios razonables, sobre la base de paquetes turísticos y promociones.

Aguas andinas

Los panoramas en Peulla pueden comenzar con una excursión de una hora en el camión 4×4 que se interna por el valle de Peulla, pasando por el Fundo Rigi, donde se visita una granja ecológica. Luego, atravesando las aguas del río Peulla en el mismo 4×4, se llega hasta la laguna El Encanto, la cual se navega durante media hora en un barquito abierto ($ 18.000). Navegar en ríos es una excelente decisión para conocer la tupida zona. Peulla, Negro y Blanco son ríos cuyas cuencas volcánicas corren lentamente entre medio de bosques de coigüe, tepas y mañíos.

Una forma es en tranquilos kayaks ($ 28.000), que permiten acercarse a chucaos, cormoranes, bandurrias, huet huet, además de castores, sin problema. La segunda es la aventura que ofrece el jet boat ($ 39.000), lancha diseñada para aguas poco profundas y a gran velocidad; o si lo prefiere, practicar pesca deportiva a partir de este noviembre. Un deporte perfecto en estos ríos, donde truchas de distintas especies se asoman sin pudores (valores desde $ 45.000).

Para quienes quieren internarse en el Peulla profundo, existen cuatro rutas de cabalgatas (de $ 22.000 a $28.000, entre una y cuatro horas).

Desde las alturas

La guinda de la torta la ponen dos circuitos en helicóptero por la zona, con el Todos los Santos como protagonista. El primero, de 30 minutos y se hace en un helicóptero nuevo, muy cómodo para seis personas. Asciende por el valle del río Negro, empalma con el valle del río Peulla y sale a descubrir el volcán Tronador que, con 3.552 m, es el más alto de esta zona andina ($ 115.000).

El segundo circuito vuela por una ruta de volcanes, casi rozando las fumarolas del Puntiagudo, Osorno y Calbuco, en 60 minutos difíciles de olvidar ($ 229.000).

Una buena forma de bajar a tierra con la misma adrenalina es a través del canopy, que aquí cuenta con una línea de 800 m, con alturas de hasta 15 m, por encima de un bosque de coigüe y una cascada llamada El Velo de la Novia ($ 19.000).

Por otro lado, el Hotel Natura con su propio dueño oficiando de guía y experto montañista, tiene dos caminatas donde destaca un trekking de tres días hacia el paso Bariloche, un antiguo corredor transandino ocupado por arrieros. Recorre una ladera del volcán Tronador, atraviesa puentes colgantes, divisa glaciares, regala panorámicas del Todos los Santos, se deleita cruzando bosques de alerces, descansa en termas naturales y se refresca en cascadas hasta aburrirse. Una ruta de trekking casi virgen, por la que muy pocos han pasado. En el trayecto es posible ver decenas de cóndores, zorros y si tiene suerte, algún puma. Similar al que don Alberto tuvo como mascota en su hogar de Peulla, sacándolo a pasear sin cadena a la vista y sorpresa de toda persona. El hombre es un personaje.

Pero don Alberto no tiene intenciones de masificar esta expedición ante la vulnerabilidad del ecosistema, por lo que se hace con cupos limitados.

Si no se tiene el privilegio de realizarla, se puede entretener en el vasto comedor del hotel, cuando este hombre de 74 años se hace presente para recibir a sus visitas, contándoles una y mil historias vividas como montañista, piloto de ultraliviano, tras su paso por Suiza, Bariloche y, por cierto, recorriendo su Peulla natal, que afuera de los grandes ventanales, ya oscureciendo, se hace presente con el croar de centenares de ranas, como diciendo que la mejor historia de este lugar la sigue narrando su naturaleza prístina.

Posteado en: http://www.latercera.cl

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