La patagonia chilena, donde el viento manda

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Hermosa hasta decir ¡basta!… Así es la Patagonia chilena. Pero, como buena dama, también tiene algo de caprichosa y no siempre dejar ver su más icónico perfil, el de las Torres y Cuernos del Paine.

Al visitarla, el viajero no debe casarse con una imagen soñada y sí aguzar sus sentidos para descubrir lo que La Patagonia quiera mostrarle. El viento -su fiel amante- provoca que una misma jornada sea posible experimentar las cuatro estaciones: cielos nublados, chubascos, algunas horas de sol… Nunca se sabe.

Para andar por esta tierra conviene tener un fuerte espíritu, como el de los nómadas que la recorrían: los aónikenk o tehuelches, conocidos además por su gran estatura (1.80 metros). Se dice que cuando Hernando Magallanes descubrió -en 1520- el estrecho que lleva su nombre, se refirió a ellos como patagones en recuerdo del gigante Patagón, personaje de un libro de caballería.

Que si tenían los pies grandes, que si sus enormes huellas derivaban de los zapatones de piel con los que se cubrían del frío, teorías hay varias; lo cierto es que estos hombres eran cazadores y recolectores. Hoy, viajeros de todo el mundo hasta aquí llegan para realizar safaris fotográficos y recolectar vivencias inolvidables.

Para muchos, el imán que atrae a esta tierra de gigante es el Parque Nacional Torres del Paine. Declarado por la UNESCO en 1978 como Reserva Mundial de la Biósfera, tan sólo en 2012 recibió a 353 mil 393 visitantes.

Los más osados escaladores sueñan con conquistar las famosas torres de granito que se elevan de los 2 mil 600 a los 2 mil 850 metros de altura.

Y los senderistas de hueso colorado desean recorrer alguno de sus caminos. Publicaciones como Lonely Planet, wikiexplora.com o besthike.com los ranquean entre los mejores del mundo.

Muy andado es el «Circuito W», que con una extensión de 76,1 km. se realiza en un promedio de cinco días o el «Circuito O», que con sus 93,2 km. requiere de entre siete y 10 días de caminata.

Quienes no cuenten con el tiempo suficiente para practicar el slow travel y pararse en la mismísima base de las torres o pernoctar en refugios con todo y jacuzzi externo incluido, pueden hacer paseos de todo un día, a bordo de un autobús con alguna que otra parada.

Iniciando desde lagunas como la Amarga (acceso principal al parque), escuchando el rugir de cascadas como la del Río Paine o bordeando lagos como el Nordenskjöld, desde cuyo mirador y con un poquito de suerte, el viajero salta de emoción al atrapar con su cámara a los fotogénicos cuernos del Paine.

Entre uno y otro trayecto, el excursionista se topa con cóndores, guanacos (llama austral) y ñandúes (ave emparentada con el avestruz).

En sus 2 mil 420 kilómetros cuadrados de superficie, el parque no sólo cobija a un conjunto escultórico de rocas, también rincones como el Glaciar y el Lago Grey presumen creaciones talladas en hielo.

Tras andar 30 minutos por una playa pedregosa es posible ver un cementerio de témpanos de hielos que van del transparente, al blanco y del azul al violeta.

El silencio sobrecoge. No queda más que sentarse en un tronco que parece abandonado a posta y recordar las caras que ha querido mostrar la impredecible Patagonia. Los momentos de vida recolectados, ni el viento más furibundo se los podrá llevar.

Un árbol patagónico de regalo

El Parque Nacional Torres del Paine ha sido víctima de varios incendios provocados por la imprudencia de los visitantes. Basta con recordar el más reciente, a finales de 2011. La devastación que dejó, derivó en la iniciativa de plantar un millón de árboles nativos tanto en éste como en otros parques de la patagonia chilena.

Si quieres regalar un árbol, entra a www.reforestemospatagonia.cl y al pagar dos mil pesos chilenos (53 pesos, aproximadamente), recibirás un certificado y un enlace para ver la ubicación donde estará el árbol que adquiriste.

En Puerto Natales pasa lento el tiempo

En Puerto Natales, trabajo había de sobra. Así que pronto, fue poblada por inmigrantes alemanes, ingleses, escoceses y por chilenos provenientes de Chiloé.

Ubicada tres horas al norte -por carretera- de la capital magallánica, Punta Arenas es hoy meca de excursionistas que desde aquí planean sus itinerarios. De este pueblo pesquero parten no sólo a los cercanos Parque Nacional Bernardo O’Higgins o al Parque Nacional Torres del Paine, sino también a las vecinas atracciones de la Patagonia argentina, como El Calafate, El Chaltén o el Glaciar Perito Moreno.

Es cierto, muchos la miran como un destino de paso. Sin embargo, hay quienes -poniendo pausa a su viaje-, en ella se han quedado. Hoy una joven francesa recibe a mochileros en el Melting Pot, su hostal. Quien se tome una cerveza en el Bar Leprechaun, será atendido por su propietario: el famoso británico llamado «Slowly»; a quien los locales llaman así porque de recién llegado y tratando de entender el rapidísimo y cantaíto español chileno sólo atinaba a decir que le hablaran «slowly, slowly».

«Despacio, despacio»… Así es como se debe pasear por la Plaza de Armas rodeada por una iglesia, un mural, el centro artesanal Ñandú y casas transformadas en restaurantes.

Muy popular es la Mesita Grande, donde turistas comparten en una larga mesa: charlas, ensaladas y  pizzas. Aunque algunos lugareños coinciden en que las del restaurante Rustika son mucho más ricas. La Parrilla Don Jorge, y un buen cordero, así como la cervecería artesanal Baguales, apenas son una probadita de la oferta culinaria de Natales.

Un sinfín de comercios discurren por las calles, desde pequeñas tiendas de artesanía -invariablemente hay una tejedora dándole duro a las madejas de lana con gruesísimas agujas – hasta chocolaterías: Patagonia Dulce tienta con sus creaciones de cacao para beber y morder.

El tiempo parece correr lento y pocos caminan a prisa. Común es ver trotamundos entrando a una de las tantas agencias turísticas para comprar su tour del siguiente día; o al supermecado, para arrasar con las barras energéticas.

Si no lleva mochila a cuestas, aquí se identifica al extranjero por fotografiar compulsivamente casa tras casa: tan coloridas y lindas; con sus techos de dos aguas y cortinas bordadas cubriendo ventanitas. Algunas, verdaderos escaparates que ofertan, gorros y bufandas de lana, cómo no iba a ser, y hasta botas de trekking  ya amansadas por otro caminante.

En Natales abundan hostales, bed & breakfast y casas familiares que han sido ampliadas para recibir a grupos de turistas. Hotel Saltos del Paine, por ejemplo, ofrece un trato familiar y prepara cenas personalizadas.

Para encuentros gastronómicos más románticos conviene ir a Angélicas por un calafate sour y unos canelones de centolla, o a un sitio que reúne lo mejor de África y la Patagonia: Afrigonia sirve un cordero asado a la menta.

Sin embargo, el verdadero romance con Natales se da en su costanera bañada por las aguas del Canal Señoret y enmarcada por varias elevaciones que parecen no quitarse nunca el vestido de novia.

El paseo inicia frente al hotel costa Australis, presente en todas las postales natalinas. Obligado es sentarse en una de las tantas bancas y fotografiar a los cisnes de cuello negro o los cormoranes reposando sobre los restos de un viejo muelle. Un monumento le rinde honor al constante viento: hombre y mujer lo reciben con los brazos abiertos.

Frente a esta airosa oda llama la atención la construcción del Hotel índigo, y mucho más allá del paseo costero que concluye o inicia -a según- con una réplica del gigante herbívoro y extinto conocido como el Milodón, los sibaritas encuentran lujosas estadías como Weskar Lodge, Remota o The Singular.

De regreso, robará el foco el Cerro Dorotea, cuyo ascenso es un buen entrenamiento para los días de caminata que a más de uno esperan.

Llegada la noche, hay que calmar el frío en clásicos como el Bar Ruperto o el Por qué no te callas, donde no es raro que se dé la primera de muchas noches mágicas entre una fuereña y un lugareño.

Guía práctica

-Cómo llegar

Volar a Santiago de Chile en un vuelo de LAN. De ahí, partir a Punta Arenas. Algunos itinerarios hacen una breve escala en Puerto Montt. De Punta Arenas a Puerto Natales hay que recorrer tres horas de camino por carretera y de Puerto Natales al Parque Nacional Las Torres del Paine se hace alrededor de una hora y media.

Otras opciones:

Volar de la Ciudad de México a Buenos Aires (con Aeroméxico) y de la capital argentina volar a El Calafate con (Aerolíneas Argentinas) y de El Calafate a Puerto Natales (de 4 a 5 horas por carretera).

-Cuándo ir

La temporada alta va de noviembre a marzo, pues en el verano austral hay muchas horas de sol. Durante el invierno las noches son más largas, hay más frío pero suele haber menos viento.

-Dónde dormir

En el Parque Nacional Torres del Paine está el Hotel Lago Grey, ubicado en uno de los más bellos escenarios del parque. La noche cuesta entre 2 mil 500 y 3 mil pesos mexicanos, según habitación y temporada.

En Puerto Natales, una buena opción es el hotel Natalino, muy céntrico y con alberca templada. La habitación cuesta entre mil 800 y 2 mil 800 pesos mexicanos la noche, según habitación y temporada. Y en Punta Arenas, el Hotel Isla Rey Jorge (entre mil 500 y dos mil 500 pesos mexicanos la noche, según habitación y temporada).

Otras opciones:

En Parque Nacional Torres del Paine hay áreas para acampar y refugios. Explora Patagonia Hotel Salto Chico.

En Puerto Natales recomendamos el Hotel Índigo, moderno, acogedor y con una excelente vista.

En Punta Arenas una buena opción es Hotel Cabo de Hornos, refinado y clásico.

-Dónde comer

En Parque Nacional Torres del Paine hay zonas para tomar el refrigerio o sitios donde sirven alimentos calientes, como Camping Pehoé.

En Puerto Natales están Afrigonia, Angélica’s, Rustika, Parrilla Don Jorge y restaurante del hotel Costa Australis.

En Punta Arenas hay que vivir la experiencia en El Galpón, además de probar platillos típicos hay un sitio donde se puede observar la esquila de las ovejas, así como el proceso de elaboración de la lana.

Indispensable probar los clásicos de la zona: centolla, cordero al palo y carne de ñandú.

-Qué empacar

Rompevientos, protector solar, botas para caminar, lentes de sol, guantes y bufanda.

-Qué comprar

Artesanías en lana, madera y cuero. El pueblito artesanal Ether Aike, en Puerto Natales es una buena opción. En la zona franca de Punta Arenas conviene comprar ropa invernal deportiva y artículos de fotografía.

-Para saber

Los extranjeros deben pagar al entrar al Parque Nacional Torres del Paine 18 mil pesos chilenos. No se permite hacer fogatas ni entrar con mascotas.

Escrito por: PATRICIA MIRANDA

Posteado en: http://www.periodico.am

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