La nueva expedición de las Torres

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Fue hace un año. Mauricio Meyer, socio de MB+Partners, y Rodrigo Bustamante, gerente comercial del hotel Lago Grey, participaban de un tour fotográfico en las Torres del Paine para cazar imágenes de pumas, una actividad que se hace en invierno, ya que las huellas de los animales en la nieve delatan su movimiento. A su regreso, Meyer le comentó a su amigo: “Esto no lo podemos perder. Hay que alargar la temporada”.

Elegido como la octava maravilla del mundo (Virtualtourist.com) y el quinto lugar más lindo del planeta (National Geographic), en invierno pocos son los que se aventuran en los senderos del Parque Nacional Torres del Paine. Un contraste con lo que ocurre en verano. “En diciembre es casi como estar en Disneylandia”, bromea un operador turístico. Durante 2014, cerca de 200 mil personas (en su mayoría extranjeros) visitaron el parque. Un 16% más que en 2013. Cifra que, según estimaciones, cada año crece en dos dígitos.

Hoy, la temporada alta en el Paine se extiende desde octubre a abril. Por eso, hoy Meyer sugiere romper con la estacionalidad del lugar y aprovechar el parque en los meses de otoño y, por qué no, invierno, época en la que prácticamente no hay viento, pero sí nieve. De paso, planea desmitificar que el parque sea un destino caro, pues hay oferta para todos los bolsillos.

“Aquí puedes hacer muchas actividades, además del famoso trekking por los senderos. Está la manada de caballos salvajes más grande del mundo, se puede caminar con raquetas sobre la nieve, hacer enduro ecuestre, fotografiar animales, realizar carreras de trail running, etc.”, comenta Meyer.

¿Por qué no creamos un Patagonia Bureau? Ésa fue la propuesta de este experto en turismo austral a la Asociación de Hoteles y Servicios Turísticos de Torres del Paine (HYST), una agrupación integrada por 18 operadores del parque nacional, que en un principio surgió para simplificar servicios que estaban duplicados y hoy tiene un objetivo más ambicioso: que el parque sea sustentable.

En términos simples, un bureau busca promover un destino turístico a nivel mundial. En este caso, la idea es desarrollar un área hasta ahora inexplorada en las Torres del Paine: la llamada “industria de las reuniones”, (MICE en inglés en referencia a Meetings, Incentive, Congress and Events). Porque, hasta ahora, este lugar –que tiene una superficie de 2.400 kilómetros cuadrados– se ha orientado al segmento del ocio.

“El plan es tomar a un ejecutivo en Santiago –o en cualquier país– y llevarlo a las Torres. El concepto no es que tenga reuniones en una mesa con un cuaderno, sino que se ponga una pequeña mochila y que pueda tener, por ejemplo, una charla al final de una caminata”, explica Meyer, quien implementó con éxito el Bureau de Puerto Varas, hoy, según cuenta, el tercero más importante de Chile, después de Santiago y Valparaíso.

La llamada “industria de las reuniones” ha alcanzado su madurez en varios países de Europa, Asia y en Estados Unidos. Algo que aún no ocurre en Latinoamérica. “Es un mercado sumamente interesante, ya que los niveles de gasto por participante son hasta 6 veces superiores a lo de un turista convencional. Además, el área que más ha crecido en eventos y congresos es el segmento dirigido a grupos menores de 250 personas, lo que coincide con la capacidad de infraestructura existente en el parque”, comenta Mauricio Kusanovic, presidente de HYST y director de Estancia Cerro Paine, la única propiedad privada al interior del parque, dueña entre otras cosas del hotel Las Torres.

 

Patagonia Bureau

Hace más de medio siglo se creó el Parque Nacional Torres del Paine. En 1977, el conde italiano Guido Monzino –quien escaló las Torres en los 60– donó al Estado chileno las 12 mil hectáreas con las que se establecieron sus límites definitivos. En los últimos 30 años, se han producido tres incendios graves, uno de ellos protagonizado por Rotem Sigern, el israelí que el 27 de diciembre de 2011 encendió fuego en un lugar prohibido, arrasando con 16 mil hectáreas de parque. La Corte Suprema lo acaba de condenar a pagar una multa menor a los 5 millones de pesos.

Por eso, la inquietud de qué pasará con la integridad del parque si se aumenta el número de visitantes no tardó en llegar. Alejandra Silva, directora regional de la Conaf en Magallanes y la Antártica, es partidaria de descomprimir el número de visitas en el verano y destaca que ya van tres años seguidos sin incendios forestales. “La modificación a la ley de bosques ayudó mucho a delimitar la zona para hacer fuego y en las porterías hacemos una inducción de seguridad a los visitantes”, explica, aunque reconoce que “nos faltan recursos para contratar más personal”. La temporada de verano pasada, cuenta, trabajaron con alrededor de 120 guardaparques (30 permanentes y 80 adicionales) y para este año podrán contratar a 60 (es decir, tendrán 90). Conaf es la encargada de administrar las Torres del Paine y su presupuesto para ello es de 1.276 millones de pesos (para el financiamiento de personal permanente, transitorio y las operaciones, que van desde patrullajes hasta mantención de infraestructura).

“La falta de presupuesto es preocupante”, advierte Kusanovic, para quien “un parque de esta envergadura necesita más recursos, pues de lo contrario sucede lo que hemos visto: mega incendios, personas perdidas, fallecidas y accidentes en carreteras en mal estado”.

“El parque tiene 200 mil hectáreas y atrae a 200 mil visitantes a año. La sobrecarga tiene más que ver con cautivar turistas educados y responsables que estén bien informados y regulados, para que su paso por el parque genere el mínimo impacto posible”, comenta Miguel Purcell, director ejecutivo de Tierra Patagonia, y agrega: “Un gran ejemplo es Yellowstone, el primer parque nacional del mundo que en sus más de 800 mil hectáreas recibe más de tres millones de visitantes al año”.

La seguridad es un tema. La conectividad es otro. Hoy, el aeródromo Teniente Gallardo de Puerto Natales –ciudad más cercana ubicada a 115 kilómetros del parque– sólo recibe vuelos comerciales en verano. Durante el año hay que acceder a través de Punta Arenas (a tres horas del destino). El MOP llamó a licitación para ampliar la pista de aterrizaje y el terminal de pasajeros. Un proyecto que tendrá un costo de 7.278 millones de pesos y que se concretará en febrero de 2016.

La idea de formar el Patagonia Bureau es estar preparados y bien posicionados para cuando el aeropuerto esté operativo. Ello, dicen, va a potenciar los viajes, pues el factor tiempo influye a la hora de elegir un destino. “Vas a poder salir de Santiago a las 6 AM y estar a la 1 de la tarde en el parque tomándote un pisco sour”, cuenta Kusanovic.

Para armar el Patagonia Bureau postularon a un Proyecto Asociativo de Fomento (Profo) de la Corfo, en el cual obtuvieron casi 70 millones de pesos por 3 años. El sector privado puso otros 28 millones. Recursos que serán invertidos en una mayor promoción del destino y mejora en la infraestructura para recibir más turistas en otoño e invierno.

“La alianza público-privada ha sido fructífera, generando resultados concretos en el corto plazo. Esto ha sido posible siguiendo una receta conceptualmente simple: participar cuando se es convocado; facilitar información y apoyo cuando es solicitado; y pedir soluciones, pero llegar con algunas alternativas bajo el brazo”, resume Víctor Fernández, gerente de la HYST.

 

La carga del parque

La asociatividad también se ha visto reflejada en otros proyectos que se están llevando a cabo en el parque, como el “Sistema de Manejo turístico de áreas protegidas en Chile”. Una iniciativa financiada por Corfo que partió en octubre de 2014 y que busca generar un sistema de manejo turístico para áreas naturales protegidas y mejorar la gestión del uso público. El plan piloto se está realizando en Torres del Paine y la idea es replicarlo en otras áreas silvestres del país. En él también colaboran los hoteleros y quienes prestan servicios en el parque.

“Nos interesa definir la capacidad máxima de visitantes, porque ahora en temporada alta hay una sobredemanda, se está ejerciendo una gran presión sobre los sitios de pernoctación y eso genera daños al sistema y a los objetos de conservación”, explica Germaynee Vela-Ruiz, directora del Instituto Cequa (Centro de Estudios del Cuaternario, Fuego-Patagonia y Antártica), dependiente de Conicyt.
Hoy, “no se sabe cuánta gente hay en un día determinado dentro del parque. Alguien que paga su boleto puede pasar 15 días adentro y no sabemos si salió o no”, cuenta Ximena Dipp, resident manager del hotel Awasi.

Alejandra Silva, de Conaf, lo reconoce. “Tenemos una idea de cuánta gente ingresa, pero no tenemos el dato concreto de cuánta gente ingresa al circuito de montaña. Con el proyecto del Cequa se han instalado ecocontadores que permiten determinar cuántas personas pasan por un tramo del sendero. Ahí van a salir resultados para estimar cuántas personas lo visitan diariamente”, explica. Y agrega: “Somos los administradores y los responsables, no nos podemos desligar ni tampoco queremos hacerlo, pero la gestión mejora cuando una trabaja con el sector privado”.

“Este año vamos a dar a Conaf una señal de apoyo”, comenta Lorena Araya, directora del Sernatur de Magallanes y la Antártica. “Vamos a poner un informador turístico que va a permitir que los guardaparques no se desconcentren entregando información y se dediquen administrar y supervisar”. Otra de las iniciativas que están analizando es que las personas arrienden un sistema de GPS al entrar al parque, que permite el rescate en caso de accidente en pocos minutos. Algo que podría desarrollarse el 2016.

En otros parques nacionales –como Machu Picchu o Yellowstone– hay que reservar con anticipación para poder ingresar. En las Torres del Paine, cualquiera puede hacerlo cuando lo estime conveniente, pues el parque nunca cierra. Lo que sí, hay algunos sectores –como el campamento Torres, que tiene capacidad para 80 personas– donde la Conaf implementó un sistema de reservas para que no lleguen más visitantes de los que puede recibir.

“En Chile no se han definido capacidades de carga para áreas protegidas ni tampoco el número máximo de visitantes para ver cómo podemos alargar la temporada de manera sustentable”, explica Germaynee Vela-Ruiz, quien cuenta que a fines de abril visitaron el parque investigadores extranjeros que están asesorando el proyecto y en noviembre viajará a conocer la experiencia del Parque Nacional Galápagos, donde tienen un sistema de manejo de visitantes, con zonificación de uso público, carga aceptable de visitantes y monitoreo turístico.

 

El Paine sustentable

Aumentar el flujo de turistas también cargaría una mochila que cada año crece más: la de los residuos. Hasta ahora, cada hotel se hace responsable de su basura la que, en su gran mayoría, va a parar a vertederos en Puerto Natales. Ése es otro de los desafíos: convertir a Torres del Paine en un destino sustentable. Que al turista se le asegure que su botella de plástico va a llegar a una planta de tratamiento y no a un vertedero.

Para ello, diseñaron dos planes. Uno, es que los 18 miembros de la asociación logren la certificación con el sello S de Sernatur de turismo sustentable. Lo otro, es generar un modelo de gestión de residuos y un plan integral de reciclaje, para el cual se asociaron a la empresa TriCiclos, distinguida dentro de las mejores empresas B para el mundo en los premios Best for the World 2015.
“La idea es alinearnos en proyectos relacionados a la sustentabilidad, el reciclaje, la mitigación del impacto del turismo para entregar una oferta similar”, explica Gonzalo Droppelmann, gerente de sustentabilidad de Explora, uno de los primeros hoteles en abrir operaciones al interior del parque en 1993.

Vela-Ruiz advierte de las implicancias que tendría el alargar la temporada en el tema de la basura. “El manejo de aguas servidas y residuos es complejo para la fauna. En general, el visitante no está siendo cuidadoso con sus desechos y eso es fuente de alimentación para aves y zorros, algo que no debería pasar”, dice.

Los hoteleros están conscientes de ello. Por ejemplo, en Tierra Patagonia cuentan con una planta de tratamiento de aguas que permite reutilizarla en regadío. Además, “iniciamos un programa de gestión de residuos para separación de cartón, vidrio, plástico, papel y aluminio, derivados a través de la Municipalidad de Puerto Natales y su Departamento de Medioambiente”, agrega Purcell.

“Hoy estamos poniendo a la vanguardia el parque, tratando de buscar mejores sistemas de seguridad y de mejorar la gestión”, dice Lorena Araya, directora del Sernatur de Magallanes y la Antártica, para quien “las Torres del Paine cuenta con todas las características para ser la capital turística de Chile”.

Escrito por Por: Carla Sánchez – Revista Capital

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