Aventuras Diferentes, al fin del mundo

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¿Qué tienen en común un mago, una dueña de casa, una acupunturista, un grupo de empresarios, una profesora, un estudiante universitario y una periodista? Probablemente muy poco, ya que no coincidimos en edades, idiomas ni intereses, pero tenemos una inquietud viajera que compartimos: explorar en forma diferente. Y bajo ese concepto nacieron los overland, camiones o buses 4×4 acondicionados para que viajeros recorran largas distancias.

La empresa Satour Viajes es la que lleva la delantera en el país en este tipo de travesías, con distintos programas a lo largo de Chile de una semana o dos. Aquí no hay lujos, pero sí comodidad, en un “all inclusive rodante” que combina alojamiento en camping y hoteles.

Aunque nadie obliga a nadie, los conceptos claves en el overland son compartir y colaborar. En los campamentos cada cual arma su carpa, pero uno entiende que a cuatro manos es más fácil o que la comida sale antes con un poco de ayuda. Por eso el ambiente es tan diferente a un tour convencional. Acá no hay lejanía ni distinción entre conductor, guía y turistas, sino que todo el grupo comparte en un ambiente de amistad.

Visita al Paine

Corre un viento suave y tibio en el Parque Nacional Torres del Paine. El paisaje se ve diferente después del incendio, con un tono sombrío y cientos de árboles y arbustos carbonizados. Los que ya lo conocíamos nos llenamos de nostalgia, pero los que pisan el lugar por primera vez casi no se dan cuenta de la catástrofe que ocurrió en diciembre pasado. Atrapados por la magia del imponente macizo del Paine, el cielo perfectamente azul y los intensos colores de los lagos, es cosa de que el camión se estacione para que todos salgan disparados a tomar fotos.

Después de nuestra primera cena y noche en carpa, nos preparamos para comenzar la aventura. Los desayunos del overland no tienen nada que envidiarle a un buffet de hotel: fruta, jugo, huevos, varios tipos de pan, cereales y una larga lista de cosas que también aprovechamos para armar nuestro box lunch. El día será extenso. La idea es subir hasta la base de las Torres del Paine, mirador ubicado a unas cuatro horas de caminata (de ida), la mayor parte en subida.

Aunque había amanecido despejado, en cosa de segundos el cielo se cubre de nubes amenazantes y baja la temperatura abruptamente. Decidimos aventurarnos de igual forma y comenzamos nuestro trekking bajo una copiosa y gélida lluvia. La mayoría de nuestro grupo va escasamente preparado, con zapatillas urbanas y ropa poco adecuada, así que, empapados, congelados y a regañadientes, debemos abortar los planes a poco andar. Frustrados descendemos y nos metemos a un refugio para secar la ropa y tomar un chocolate caliente.

Tenemos mejor suerte a la mañana siguiente. La Patagonia nos regala uno de esos amaneceres de postal, cuando los Cuernos del Paine se tiñen completamente de rojo y se reflejan en las aguas del lago Pehoé. Somos varios los que nos levantamos en la madrugada y sentimos que el esfuerzo vale la pena. El resto aprovecha de dormir otro rato en sus carpas antes de visitar el sector del lago Grey. Caminamos por la playa para fotografiarnos con enormes témpanos, hacemos un picnic bajo los bosques y comenzamos a despedirnos del parque.

La travesía continúa, primero con una visita a la Cueva del Milodón, para luego coronar el día con una excelente cena con cerveza artesanal en Puerto Natales.

Hacia la pampa

Dejamos atrás la zona norte de la región de Magallanes para dirigirnos hacia el extremo austral. Tomamos la Ruta Internacional 255 bordeando el Estrecho de Magallanes hasta Punta Delgada, donde cruzaremos en ferry a Tierra del Fuego.

Pero primero hacemos una detención en el Parque Nacional Pali Aike. Con una belleza bastante peculiar, este parque suele pasar inadvertido. Es un paisaje agreste y ventoso, cubierto de pampa, formaciones volcánicas, cuevas, cráteres y escoriales de lava, pero representa uno de los sitios arqueológicos más antiguos e importantes de la Patagonia, con vestigios de restos humanos de hace más de 11.000 años.

En medio de este paisaje tenemos uno de nuestros primeros almuerzos en la ruta: quesos, fiambres, carne asada, pan, huevos duros, ensaladas y bebidas. Y, lo mejor de todo, es que en todo el trayecto siempre hay libre acceso a bebidas, dulces, galletas y golosinas varias.

Seguimos camino para cruzar en transbordador el Estrecho de Magallanes. Del otro lado nos espera un largo camino de pastizales amarillentos, terrenos dominados por grandes manadas de guanacos y miles de ovejas que escapan presurosas al escuchar nuestro camión. De actividad humana se ve poco. Por ahí algún cartel, alguna entrada a una estancia o un solitario gaucho a caballo.

Dormimos en Porvenir, la capital de la provincia de Tierra del Fuego, con apenas 5.500 habitantes. Es una ciudad pequeña, pero bien cuidada, con un renovado borde costero y un buen Museo Provincial que amerita una visita. Aquí se puede conocer la historia de estas tierras que parece sacada de una película, que entre otras cosas incluye: colonización, fiebre del oro, imperio ganadero y un vergonzoso genocidio a los indígenas selk’nam (también conocidos como onas).

Al final de Tierra del Fuego

A medida que avanzamos hacia el sur, el paisaje comienza a cambiar poco a poco. Pasamos de pampa a pastizales verdes, luego a arbustos, pequeños árboles y pronto enormes extensiones de bosques vírgenes, lagos, lagunas y grandes montañas. Incluso el clima cambia cuando comenzamos a cruzar las enormes cuestas de la Sierra Beauvior, obligándonos a ponernos guantes y gorro cada vez que nos detenemos a hacer una foto.

Al cruzar por estas montañas ya se empieza a divisar la fantástica Cordillera Darwin al fondo. Avanzamos unos kilómetros más hasta llegar a la Estancia Lago Fagnano, ubicada a orillas de este lago binacional. Germán Genskowski y su esposa, Mariesela, son los dueños de la estancia y los únicos habitantes en kilómetros. Hace pocos años abrieron sus puertas al turismo con un par de cabañas y permiten, en forma exclusiva, que los viajeros del overland acampen en su terreno (reservas a genskowski3@hotmail.com, tel. 61-262366).

Ahí, entre el bosque, a escasos metros del lago, armamos nuestras carpas. Tenemos una ducha con agua caliente que funciona a leña, un quincho y un sitio paradisiaco para disfrutar por dos noches. Tiempo ideal para pescar, caminar, encantarse con las montañas, saborear calafate “directo de la mata” o escuchar las historias de don Germán, que prepara con destreza y paciencia un asado de cordero al palo, quizás uno de los mejores de la región.

Aún nos queda el camino de regreso hasta Punta Arenas. Volvemos a avanzar hacia la pampa solitaria, cruzando pequeñas aldeas, potreros cargados de ovejas, estancias abandonadas e incluso diminutos cementerios de colonizadores abandonados al viento. Mientras tanto, arriba del camión, se cuenta otra historia. Richard nos sorprende con un nuevo truco de magia. Mary coloca agujas de acupuntura en una rodilla adolorida. Juan Manuel se pasea como vendedor de micro ofreciendo chocolates y galletas. En otro puesto, Laura Lee. Y, más atrás, varios conversan. Hay un poco de melancolía en el ambiente, pero todos tenemos la alegría y la certeza de que este es uno de esos viajes que no se olvidan nunca.

Posteado en: http://www.latercera.cl

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